Todo indica que los formatos de vídeo y cine digital acabarán por imponerse en las producciones comerciales y la exhibición cinematográfica.
En realidad casi ha ocurrido ya.
Sin embargo, el celuloide no va a desaparecer. Formatos como el Super8 y el 16 mm seguirán aquí, y tal vez sean adoptados por aquellos cineastas y autores que no estén interesados en obtener imágenes limpias, definidas, y de gran formato.
Una vez que una cámara como la Canon 5D es capaz de obtener imágenes digitales que rivalizan con las de 35 mm, a un coste asequible para casi cualquiera, una vez que todo el mundo puede acceder a ese nivel de “perfección”, ¿qué ocurre si queremos suciedad o inmediatez en nuestros proyectos?, ¿grabamos en un digital perfecto y luego postproducimos para añadir grano, texturas y ruido a nuetras imágenes, para que así nos resulten más auténticas?. Quizá no tenga sentido.
Y ese puede convertirse en el espacio del Super 8 y el 16 mm.
La inversión es interesante.
Si antes predominaba el celuloide en 35 mm y el vídeo digital era marginal, ahora que los formatos digitales se estandarizarán en la industria, será el celuloide quien ocupe el lugar de lo marginal, operando así en los márgenes de la industria.
Y ahí es dónde encontramos gente que está utilizando el Super 8 de maneras muy diversas.
Aquí tenéis un vídeo en el que cuatro cineastas y realizadores jóvenes explican sus motivos para trabajar en Super 8.
Uno de ellos habla de cómo ha mezclado en un vídeo-clip material en Super 8 y material rodado con la Red One (Cine digital), un ejemplo de cómo puede emplearse creativamente, digamos, “lo mejor de dos mundos”…
Nos tememos que el vídeo está en inglés, pero se sigue bien: